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Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento

Publicado en marzo de 2022

La importancia de los datos abiertos 

Hace muchos años hay organismos y personas diciéndolo, pero la pandemia lo dejó claro: los gobiernos deben recolectar y publicar información que permita a la ciudadanía entender mejor qué sucede y por qué se llevan adelante ciertas políticas públicas. En la medida en que los gobiernos justifiquen más sus acciones a través de cifras e indicadores, la toma de decisiones basadas en evidencia cobrará mayor relevancia. Un gobierno más transparente fortalece la rendición de cuentas por parte de la ciudadanía, que, en definitiva, contará así con más herramientas a la hora de juzgar las acciones de gobierno. 

En mayo de 2020 empezamos a monitorear qué estaban haciendo los gobiernos nacional y provinciales en Argentina respecto a la apertura de datos sobre la evolución de la pandemia. Un año después continuamos para entender los avances y ver cómo esas bases habían influido (o no) en la publicación de información sobre la vacunación contra el COVID-19. A partir de un análisis hecho en octubre de 2021, ahora es el turno de observar la situación de tres países de América Latina (México, Brasil y Argentina) y comparar su realidad de datos abiertos, en el marco de la pandemia, con la del país con el mejor puntaje en términos de datos abiertos a nivel global: Canadá. Nos enfocamos en estos países ya que, dada su organización federal, tienen una dificultad mayor para estandarizar los criterios en la publicación de datos abiertos. 

 

¿A qué nos referimos cuando hablamos de datos abiertos “de calidad”?

Evaluar a los gobiernos en esta materia requiere, antes, pensar qué características hacen que una web presente datos abiertos “de calidad”, es decir que fomenten y posibiliten la transparencia, la rendición de cuentas y la toma de decisiones basadas en evidencias. Nos concentramos en las cuatro descritas a continuación:

  1. Accesibilidad: que las páginas web que contienen la información sean fáciles de encontrar y que cualquier persona pueda ingresar a ellas sin barreras burocráticas o administrativas que puedan disuadir de acceder a los datos.
  2. Desagregación: que la información se desagregue por ciertas variables de forma estandarizada para poder compararla con y unirla a otras fuentes de datos, asegurando su interoperabilidad.
  3. Actualización: que la información se pueda visualizar en todo momento y que la actualización de datos sea acorde al ritmo en que suceden los hechos, de modo que la información no pierda vigencia.
  4. Reutilización: que la información se cargue en bases de datos, en formatos abiertos, a fin de que cualquier persona pueda descargarla y hacer uso de ella para crear análisis nuevos.

Para poder medir y comparar la información publicada sobre COVID-19 por los cuatro países mencionados, tanto a nivel nacional como subnacional, utilizamos nuestro índice de datos abiertos, construido con un indicador por cada una de las cuatro características, a partir del cual se puntúa su desempeño en una escala de 0 a 1 y obtiene un promedio final. Desde un enfoque más cualitativo, al recorrer estas páginas también hicimos un análisis en función de su aproximación a la taxonomía de datos abiertos de COVID-19 creada por el Open Data Charter: iniciativa que reúne a gobiernos y organizaciones de todo el mundo a fin de promover una estandarización en la estructura de los datos  que genere una coherencia en términos de variables que se publican, cómo se construyen, cómo se arman las bases de datos o los apartados metodológicos explicativos, entre otros elementos. 

 

¿Qué encontramos? 

Para evaluar los resultados hicimos tres comparaciones. 

 

¿Hacia dónde queremos ir? Posibles explicaciones a estos problemas y soluciones

La pandemia empujó a los gobiernos a publicar más información pública, y este análisis da cuenta de sus esfuerzos en esa dirección, del mismo modo que marca las diferencias que existen entre los gobiernos federales y los subnacionales, y entre los tres países latinoamericanos. Lo que genera esta variación en la calidad de la información, en definitiva, es restringir las virtudes propias de los datos abiertos. Si los datos no son de calidad, la capacidad de la ciudadanía para utilizar y confiar en ellos se ve disminuida. A su vez, es posible que los propios gobiernos no puedan aprovechar estas fuentes de información, lo que termina significando un perjuicio también para ellos: la toma de decisiones basadas en evidencia se verá afectada, por lo que contarán con menores capacidades para enfrentar crisis futuras.

Consideramos que esas diferencias tienen sus raíces en dos tipos de dificultades:

  1. Falta de estándares de datos abiertos de gobierno ampliamente aceptados y utilizados en los gobiernos nacionales y subnacionales. Es decir, no existe un terreno común sobre cómo recopilar, medir y publicar información en sitios web públicos. 
  2. Dificultades para alcanzar una estandarización entre los diferentes niveles gubernamentales debido a su incapacidad para generar coordinación y cumplimiento entre ellos. Además, incluso cuando los gobiernos tienen la voluntad de seguir un camino común, es posible que no puedan hacerlo debido a la diferencia de recursos.

La pregunta que surge entonces es: ¿qué podrían hacer los gobiernos para mejorar en esta materia?