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Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento

Redes de Tutoría se basa en un supuesto fuerte: sin vínculo personal-afectivo, no hay aprendizaje. Para ello propone un formato pedagógico clave: hacer de los estudiantes participantes activos en el proceso de enseñanza-aprendizaje a través de dinámicas que promuevan que los estudiantes se enseñen entre sí. Por ejemplo: la estudiante que sabe más de matemáticas le enseña a el/la que tiene rezagos en esa materia; el que domina las conjugaciones verbales apoya a compañeros/as con deficiencias en esa área y así.

En el camino, los estudiantes se vuelven actores de su propio aprendizaje, refuerzan lo que ya saben (nada mejor para aprender bien algo que tenerlo que enseñar), generan vínculos personales fuertes, fortalecen su autoestima, su motivación y su sentido de pertenencia. Asimismo, la flexibilización de tiempos y espacios de aprendizaje rompe la rutina escolar y promueve el crecimiento de la autonomía a través de la metacognición.

En este modelo pedagógico, el docente retiene un papel central, pero uno distinto al tradicional. El maestro deja de ser el único que sabe y el que tiene todas las respuestas, para convertirse en una suerte de director de orquesta que propicia, facilita y orienta la construcción colectiva de aprendizaje. El tránsito del rol tradicional de impartidor de una verdad única al de facilitador que detona y estructura el aprendizaje recíproco y compartido no es fácil pues le supone al docente, entre otras cosas, redefinir el basamento de su autoridad frente a sus estudiantes, al tiempo que le exige desarrollar o fortalecer habilidades como la escucha, la observación, la empatía y la capacidad de argumentación.