Los maker spaces o labs son espacios específicos en el ámbito de las escuelas en los que de modo explícito se “hace”. En algunos casos recientes estos espacios se construyen a tal efecto o emergen como producto del rediseño del espacio donde espacios existentes deciden dedicarse a otro fin. Se trata de espacios que están dotados con una infraestructura que inspira y sostiene el hacer, desde herramientas sencillas y diversas como martillos, sierras o pinturas hasta desarrollos tecnológicos más sofisticados como impresoras 3D, entre otros. En cualquier caso, su identidad es completamente diferente de la del laboratorio de computación o informática.
La construcción que tiene lugar en un maker space genera condiciones para la colaboración y el intercambio entre pares y está orientada por la búsqueda de ideas originales y nuevos modos de aprender. Allí es posible construir un prototipo a partir del cual se ensaya, se prueba y se reconstruye hasta llegar a versiones mejoradas o perfeccionadas, desplegándose posibilidades ricas en términos del aprendizaje individual y grupal.
Los maker spaces no son un espacio relajado donde se supera un modelo transmisivo centrado en la explicación del docente. La práctica que tiene lugar en ese espacio diferencial puede ocupar un lugar central a la hora de estructurar la propuesta didáctica de las diferentes disciplinas y ofrecer un marco excepcional para la articulación de contenidos de diferentes campos. Es decir, si lo que se construye en el maker space se reconstruye conceptualmente en el aula, puede dar lugar a la creación de condiciones para una comprensión más profunda.