¿Podría una expedición hacer que nuestros estudiantes logren mejores aprendizajes? El Aprendizaje Expedicionario busca reconciliar los saberes escolares con una experiencia activa que involucre críticamente a los estudiantes con su entorno y con su comunidad. Este modelo, que se sustenta en una metodología de Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), invita a los docentes a crear expediciones en las que se articulan estudios de casos, proyectos, trabajo de campo, asesoramiento de expertos y aprendizaje en servicio.
Si bien suele aplicarse con más frecuencia en las áreas de ciencias, esta propuesta puede implementarse en todos los niveles educativos, con diferentes grados de complejidad, y también en diferentes asignaturas. La clave es invitarse a salir del aula para convertirse en algo más que observadores.
El objetivo es aprovechar las experiencias concretas e incluso cotidianas para desarrollar una mirada crítica y comprender temas más amplios y complejos, al tiempo que se propone intervenir en el entorno y no sólo aprender de éste. Propone que los mismos alumnos sean agentes de cambio en su comunidad.